‘Nunca hab\u00eda conocido a un grupo de personas m\u00e1s diverso en mi vida’: Oliver Mol.<\/span> Fotograf\u00eda: Penguin Random House<\/p>\nTrain Lord no es una historia de recuperaci\u00f3n, de dolor vencido y un yo triunfalmente restaurado, sino una historia de reparaci\u00f3n tentativa. Un auto rehecho. Cuando Mol sali\u00f3 de su migra\u00f1a, alienado de su vocaci\u00f3n y de su cuerpo, tom\u00f3 un trabajo como guardia de tren. \u201cNunca hab\u00eda conocido a un grupo de personas m\u00e1s diverso en mi vida\u201d, me dice, \u201ctodas las nacionalidades diferentes, todas las profesiones diferentes. Hab\u00eda m\u00e9dicos, pilotos, taxistas, encargados de comida r\u00e1pida. Hab\u00eda personas tan j\u00f3venes como de 18 a\u00f1os que acababan de salir de la escuela secundaria y esperaban poder ganar dinero. Y hab\u00eda personas de hasta 84 a\u00f1os. Todos llegamos a esto por nuestras propias razones\u201d. En su primer turno, hubo un suicidio. Mol se enter\u00f3 de que el ferrocarril era un lugar de ajuste de cuentas adem\u00e1s de refugio. Encontr\u00f3 ambos.<\/p>\n
Fue en los trenes que Mol hizo su regreso, muy lentamente, a la narraci\u00f3n de cuentos. Primero, comenz\u00f3 a introducir chistes en los anuncios de sus pasajeros (“La pr\u00f3xima parada es Como, dir\u00eda yo, llamada as\u00ed por el Holden Commodore”); luego us\u00f3 los intervalos de dos a tres minutos entre las estaciones para esbozar fragmentos en la parte posterior de los horarios de los trenes, solo una oraci\u00f3n o dos. Esos fragmentos se convirtieron en breves mon\u00f3logos que Mol realizaba en el dormitorio del \u00e1tico de su casa compartida para amigos; luego un espect\u00e1culo individual en el festival marginal de Adelaide. Ahora est\u00e1 Train Lord: una memoria en ensayos. Un todo fragmentado.<\/p>\n
Incrustaci\u00f3n de la aplicaci\u00f3n de fin de semana<\/p>\n
Cuando Mol habla de su libro, su hermoso libro ganado con tanto esfuerzo, la analog\u00eda que usa no es locomotora sino planetaria. \u201cMe imagin\u00e9 que la migra\u00f1a era como un sol y que cada uno de mis cap\u00edtulos ser\u00eda un planeta, y todos los planetas estar\u00edan a diferentes distancias y ofrecer\u00edan diferentes reflejos. Cada uno de ellos reflejar\u00eda una especie de verdad\u201d. La analog\u00eda que se me ocurre es corporal: ese Train Lord imita c\u00f3mo se siente sentir dolor: bucles y espirales de pensamiento, cavilaciones y recurrencias. La mayor atenci\u00f3n y afecto de una mente en llamas.<\/p>\n
Con Train Lord, Mol se une a una creciente fraternidad de escritores australianos, incluidos Lech Blaine, Michael Winkler y Michael Mohammed Ahmad, que est\u00e1n sacudiendo la bien soldada jaula cultural de la masculinidad. \u201cMentir\u00eda si dijera que mi intenci\u00f3n era escribir sobre la masculinidad\u201d, admite Mol. \u201cSimplemente no lo estaba. Estaba tratando de entenderme a m\u00ed mismo. Pero, a medida que trabajas en eso, las historias de otras personas comienzan a entremezclarse con las tuyas, y se vuelve muy evidente muy r\u00e1pidamente que est\u00e1 sucediendo algo abyectamente terrible\u201d.<\/p>\n
Me cuenta sobre los hombres que hab\u00edan venido a ver su espect\u00e1culo individual, estos viejos canosos de entre 50 y 60 a\u00f1os, y c\u00f3mo lo esperaban despu\u00e9s para poder compartir en silencio historias que nunca hab\u00edan sentido que pod\u00edan. dile a alguien m\u00e1s. Y de su propio padre, y c\u00f3mo fue necesario el poderoso tir\u00f3n de la migra\u00f1a, la vulnerabilidad forzada de la misma, para que encontraran un lenguaje a trav\u00e9s del cual comunicarse.<\/p>\n
Cuando Mol escribi\u00f3 Train Lord, una imagen lo persegu\u00eda: \u201cSent\u00ed que hab\u00eda un peque\u00f1o Oliver, que no era exactamente yo (pero era m\u00e1s o menos yo), que exist\u00eda en un mundo narrativo. Sab\u00eda que si no pod\u00eda producir este libro, \u00e9l quedar\u00eda atrapado all\u00ed para siempre. Y si lo volviera a abandonar, no ser\u00eda capaz de perdonarme a m\u00ed mismo\u201d.<\/p>\n
Las memorias tratan tanto del arte, la artesan\u00eda y la alquimia de la narraci\u00f3n como de la curaci\u00f3n. O tal vez, sugiere su libro, son una y la misma cosa. \u201cRealmente creo\u201d, me dice con seriedad, \u201cque las historias que nos contamos a nosotros mismos son las historias que se vuelven realidad\u201d.<\/p>\n
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Y entonces \u00e9l y yo intercambiamos historias en la oscuridad. Hablamos de los h\u00e9roes literarios y mentores de Mol \u2013Roberto Bola\u00f1o, Alejandro Zambra, Scott McClanahan, Amanda Lohrey\u2013 y la salvaje necesidad de esperanza (\u201cMi libro no habr\u00eda funcionado si no fuera un libro de esperanza\u201d). Hablamos de la delgada l\u00ednea que existe entre romantizar, patrocinar y honrar a la clase trabajadora de Australia y la linealidad democratizadora de los viajes en tren. Hablamos de la verg\u00fcenza que siente Mol por su primer libro (“Era extremadamente joven y terriblemente ambicioso”) y la humildad que siente por el segundo. Y hablamos de amor.<\/p>\n
\u201cEsta es una historia de amor\u201d, escribe Mol en Train Lord. \u201cMe enamor\u00e9 de la escritura, y luego par\u00e9. Estoy tratando de averiguar si puedo volver a enamorarme\u201d.<\/p>\n
Le pregunto si lo ha descubierto. Si ha sido capaz de ir m\u00e1s all\u00e1 de la urgencia purgante que sinti\u00f3 al escribir Train Lord a algo m\u00e1s amable.<\/p>\n
“Absolutamente”, dice. “Absolutamente.”<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
Wuando el volumen de autoficci\u00f3n de Oliver Mol, Lion Attack!, fue lanzado en 2015, fue aclamado como uno de los j\u00f3venes brillantes de la literatura australiana. Pero como consecuencia, sufri\u00f3 una migra\u00f1a de 10 meses que atrap\u00f3 al autor en un estado de \u201cp\u00e1nico catat\u00f3nico\u201d. El dolor era tan implacable, tan monstruoso, que Mol ya […]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[13,14],"class_list":{"0":"post-2516","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-migranas","7":"tag-dolores-de-cabeza","8":"tag-migranas"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2516"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2517,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions\/2517"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/americanchiropractors.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}